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GOYITO Y RAFIN

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Magazín Bilingüe de Sátira Política, Humor,  Anécdotas, Cuentos, MASCOTAS y Algo de Literatura Puertorriqueña

Bilingual Magazine of political satire, Humor, Anecdotes, Short Stories, Pets and Mascots and some puertrorrican literature

San Juan--Puerto Rico

PURA VELA

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2019

2nda. Pag. Literatura de Puerto Rico

 

Aroca: Es la historia de Gonzalo Guerrero, Gonzalo de Aroca o Gonzalo de Aroza el mismo hombre, la misma tragedia. Nadie como él, en toda la epopeya de la Conquista de México, y tal vez, en la del descubrimiento del “Nuevo Mundo”, la representa mejor.  Vilipendiado, acusado de todo: el renegado, traidor, el despreciado. Un hombre cuya verdadera trascendencia, es incomprendida, con y sin razón.

 

Llegó a las playas de “Indias”, como tanto otros miles, en pos de un  sueño que los eludió, y a otros, costó sangre y sacrificio. Una historia insólita, casi inverosímil; un soldado español, uno de los Tercios de España, que luego de servirle a su rey en el viejo continente, se convirtió en cacique Maya; y allí, en ese otro mundo, lo combatió.  Los porqués, son dignos de ser expuestos y revividos.  Aquí, en esta novela, lo presentó como realmente fue, o debió haber sido.  Sobre todo, como un resultado lógico de la “Conquista,” que abrió nuevos mundos y como consecuencia: nuevos hombres y nuevos retos.

 

La historia lo encuentra por primera vez, como arcabucero en la conquista de Granada; luego, con el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba en lo de Nápoles. De acuerdo con las crónicas, nació en Palos, en la octava década del siglo XV, es decir, era un poco más joven que Vicente Yáñez Pinzón, cuando éste fue como capitán de la carabela Niña en la expedición colombina.  

 

Lo volvemos a encontrar años después, en el 1511, en el Darién, hoy Panamá, al servicio del Capitán Vasco Núñez de Balboa y Pedro de Valdivia, cuando lo de aquella aventura de Alonso Ojeda poblando San Sebastián de Urabá, la Cartagena de Indias. Se había embarcado como soldado con Martín Fernández de Enciso para repoblar la villa y llevar vitualla y socorro, luego de ser diezmada por las torpezas de Ojeda, las enfermedades y las flechas envenenadas de los indígenas. Al ser Ojeda flechado en una pierna, se le pidió que lo acompañase a la Hispañiola para reponerse y buscar alivio; llevando consigo una cierta suma en oro para el Virreinato.  

 

Para entonces, de aquella expedición, solo quedaban setenta infelices: harapientos, enfermos y en pésimas condiciones. Partieron al mando de Valdivia, en lo único disponible: un barco viejo, destartalado que por casualidad pasaba por aquellos rumbos. Predestinados estaban para mayores calamidades, porque luego de navegar a duras penas en época de huracanes, fueron empujados por los vientos sobre unos bajíos llamados con toda razón los Alacranes, justamente, al Sur de la Jamaica.

 

... (Y) atajó Dios los pasos a Valdivia, y a los demás dio a entender (...) las obras que hacía de ser dignas de todo fuego eterno, porque embarcando (...) se hundió con su oro y con sus nuevas en unos bajos (...) que se llaman las Víboras. Bartolomé de las Casas, Descubrimiento del Mar Pacífico, (tomado de Clásicos Jackson, volumen XXVII, Historiadores de Indias), página 55.4

 

Entre mujeres, hombres y niños, solo dieciséis sobrevivieron, y como pudieron, se metieron en el batel de la Carabela siniestrada. Dijo Bernal Díaz del Castillo, años después, cuando escribió la narración de la conquista de México, que: “sin velas y ruines remos, sin alimentos, estuvieron a la deriva por trece días hasta que fueron lanzados sobre las playas de Yucatán”. Siete, murieron en la travesía y el resto, entre ellos Gonzalo, fueron apresado por los Cocomes, antropófagos de la región. Ante los amenazadores gestos de los indios, el capitán Valdivia desenvainó su espada para defenderse e hirió a uno de ellos. Fue la señal que desató la violencia. Los metieron en jaulas para engordar y hacer, como hicieron, fiesta de ellos. Al tiempo, solo Gonzalo, y otro español, un tal Gerónimo de Aguilar, fraile cristiano, quedaban vivos. Landa dice textualmente que: “ esta pobre gente vino a manos de un mal cacique, el cual sacrificó a Valdivia y a otros cuatro a sus ídolos y después hizo banquete con la carne de ellos” Este Aguilar, fue el que posteriormente, cuando Cortés, rescatado de los indígenas, le sirvió de intérprete, y le presenta a Malinche, como veremos.

 

Curiosamente, de estos tres, solo tenemos referencias posteriores de Gonzalo y de Aguilar, y es nuestra historia. Pero del otro, solo sabemos que:  “...(Aguilar) dixo que saltando de la barca los que quedaron vivos, toparon luego con indios, uno de los cuales con una macana hendió la cabeza a uno de los nuestros, cuyo nombre calló; y que yendo aturdido, apretándose con las dos manos la cabeza, se metió en una espesura do topó con una mujer, la cual, apretándole la cabeza, le dexó sano, con una señal tan honda que cabía la mano en ella. Quedó como tonto; nunca quiso estar en poblado, y de noche venía por la comida a las casas de los indios, los cuales no le hacían mal, porque tenían entendido que sus dioses le habían curado, paresciéndoles que herida tan espantosa no podía curarse sino por mano de alguno de sus dioses. Holgábanse con él, porque era gracioso y sin perjuicio vivió en esta vida tres años hasta que murió. Cervantes de Salazar, Francisco, Crónica de la Nueva España, libro I, Cap. XXII

 

No pasó mucho; luego de estar Gonzalo y Aguilar, en las jaulas de engorde, porque en un descuido de sus captores, violentándolas, huyeron a los montes, y se esfumaron una noche.

 

De nuevo, lo encontramos en la historia, ahora, no como un náufrago en Mesoamérica, sino como un guerrero, un capitán de milicias Mayas. En una carta conservada en el Archivo General de Indias de Sevilla, escrita, el 14 de agosto de aquel año1536, por de Andrés de Cereceda (quien fue gobernador de Honduras, y que luchó en aquella batalla contra Cozumba), se relata lo siguiente: ”Como en el combate dentro del albarrada el día antes que se diesen, con un tiro de arcabuz se abía muerto un cristiano español que se llamaba Gonzalo (Guerrero), que es el que andaba entre los yndios en la península del Yucatán veynte años ha y más que este el que dizen que destruyó al adelantado Montejo; y como lo de alla se despobló de cristianos vino a ayudar a los de aca con una flota de cinquenta canoas y a matar a los que aquí estabamos antes de la venida del adelantado abra cinco o seis meses cuando yo hize justicia de ciertos caciques de la tierra como atras he tocado porque fui avisado de la trayción y junta que sobre paces tenia urdida; y andaba este español que fue muerto desnudo y labrado el cuerpo y en abito yndio”

 

De ahí en adelante, se nos presenta en una odisea digna de ser  revivida y ser contada, aunque sea en forma de Novela.  En la cual, Gonzalo, se nos da, y nos habla de cosas, que fueron dejadas al margen de todas las crónicas del descubrimiento. Algunas, que arrojarán una luz un poco más diáfana sobre la tragedia de este hombre. Lo veremos frente a Hernán Cortés y sus generales, delante de los Adelantados mandados por el Soberano a conquistar a Yucatán, después de la conquista de Technoctlitlan.  Lo oiremos contando su historia; su juventud como un niño, un pastor y labriego en su villa de España; como soldado en la conquista de Granada, y como Tercio en las guerras del Mediterráneo.  Oirán de sus quejas contra el sistema imperante, el cruel episodio como galeote. En fin, verán que lo formó o deformó, y le impartió su personalidad bélica. Pero también veremos como Gonzalo refiere un sentimiento que arraizó poco a poco en la conciencia del americano, del criollo que pasó a ser el heredero de ese “nuevo mundo”.  Verán a un Gonzalo padre, esposo, fiel, leal y protector de los suyos. Verán a un hombre muy distinto de aquellos otros, que con rara excepción, se allegaron a las nuevas tierras motivados por todo lo espurio, y ajeno a lo que luego quisieron contar. Verán una historia de la “Conquista” desde otro punto de vista.

 

La novela también cuenta la historia de Gerónimo de Aguilar, quien fue su compañero hasta ser rescatado por Hernán Cortés, a quien luego sirve como intérprete. Es de este sacerdote, y lo que le contó a Bernal Díaz del Castillo, autor de la epopeya de la Conquista de México, que nos enteramos de algunos de los pormenores de esta saga. Así mismo, presenta a la Malinche, la gran consejera de Cortés, con quien tuvo un hijo, como una de las protagonistas esenciales de todo este drama.

 

Si,,,esta es una nueva historia de la “Conquista de Centroamérica”, contada por uno de sus detractores.