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Magazín Bilingüe de Sátira Política, Humor,  Anécdotas, Cuentos, MASCOTAS y Algo de Literatura Puertorriqueña

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2019

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ESTA VACIA...LA TUMBA ESTA VACIA

VACIA...

 

 

     VACIA...

 

                    VACIA...

¿RESUCITÓ VERDADERAMENTE JESÚS?

Escrutinio Desde una Perspectiva Legal-evidenciaria

Rafin R. Mena

 

Si hay algo que intriga y angustia al ser humano desde la antigüedad es la muerte. Ver a un cuerpo en estado de putrefacción es horroroso y sacude la fibra más intima del hombre. ¿Por qué nacer, evolucionar, adquirir experiencias, aprender, crecer y madurar para luego morir? Parece verdaderamente un contrasentido; ¿acaso no somos verdaderamente como cualquier otro animal que nace y luego muere y ahí se acabo todo?  Si a algo se llora en este mundo es a un muerto. “se fue”...dicen sus deudos, pero con  una cierta cosita allá adentro como de velada incredulidad sobre el asunto. ¿“Se fue” si... pero para donde?

 

Es curioso sin embargo, que aparte de alimentar paliativo a nuestra propia eminente “partida”, siempre y desde tiempos inmemoriales y en todas las civilizaciones, se ha creído de alguna manera en la “vida en del más allá”, o después de la muerte. Sería normal y hasta inevitable que una persona ilustrada y pensante, dedicara tiempo a meditar sobre porqué morimos y que puede haber en el “más allá”. Ha sido el caso y brillantes mentes en la historia de los pueblos lo han hecho y legando sus pensamientos al respecto. Pero es más curioso aún, que en las selvas, en las culturas más primitivas, sin excepción, esto también sea parte de sus creencias. Entonces nos podemos por consecuencia preguntar: ¿Porqué todo el mundo, sin importar grado de entendimiento y nivel intelectual, igualmente cree en la vida en el más allá?  Da la impresión de ir mano en mano con la otra creencia entre todos los pueblos y civilizaciones, de la existencia de un “rector Ser Supremo”. Sin embargo... más asombros aún-- que yo conozca—es que no ha habido casos donde después de estar en la tumba o sepultado una persona haya resucitado.   Si.... Lázaro es el único caso. Entonces, ¿de dónde saca el hombre estas peculiares creencias?

 

He llegado a la convicción de que el ser humano es depositario en lo más profundo de sus genes, de un “banco de data universal”. Data—para usar lenguaje de computadora—codificada, y que cada civilización ha interpretado en base a sus circunstancias y realidades como pueblo. Es el caso ciertamente de la civilización egipcia, mucho antes del desarrollo del pueblo hebreo.  Sus momificaciones de cadáveres, conllevaba las creencia de que los mismos, algún día volverían a la vida, por lo que había entonces que preservarlos para ese momento. Los egipcios creían en la “resurrección,” a su manera, claro y para aquellos que pudieran pagar el alto costo de la momificación. Y como siempre pasa, se creó todo una casta de artesanos manipuladores de cuerpos y sacerdotes que vivían de eso.

 

Durante el período griego o Tolemaico, las momias aparecían en sus sarcófagos con los rostros que en vida tuvieron, pintados con un realismo impresionante. Sin embargo, luego que el cuerpo de José y Jacob fueron sacados de Egipto presuntamente por Moisés, la práctica del embalsamamiento, sufrió sustanciales alteraciones entre los judíos de los tiempos bíblicos.  Para los tiempos de Jesús, los cuerpos se preparaban untándoles ciertas sustancias y fragancias, pero no eran embalsamados como tal. Jesús fue untado con estos ungüentos pero su cuerpo fue envuelto en unas sabanas de hilo y dejado en su tumba sin más.

 

Algunos judíos de entonces, creían en la vida después de la muerte pero los Saduceos no creían en ello y lo rechazaban de plano. De hecho, fueron donde Jesús a tentarlos con preguntas capciosas que el Señor les refutó.

 

Nosotros los cristianos en virtud de las enseñanzas de nuestro Cristo no solo creemos en la vida después de la muerte sino que igualmente creemos en la resurrección de los cuerpos. Pero hay una diferencia sustancial y hasta monumental entre nuestra creencia al respecto y cualquier otra parecida, en otras culturas y en otras religiones mundiales.

 

Creemos según reza nuestro “Credo”, valga la redundancia en la resurrección de la “Carne”. Esto es tan básico entre nosotros que Pablo de Tarso, evangelista de los gentiles, lo expresó en forma inequívoca: “Si no hay resurrección de la “carne”... vana es nuestra fe”...y si: “Cristo no resucitó entre los muertos, tampoco nosotros resucitaremos”.  Categórico, contundente y clarísimo.

Tal parece un axioma sencillo; pero no lo es.  Es que el juego de palabras de Pablo y las mismas expresiones de nuestro Señor cuando se le apareció a los apóstoles en el aposento, y se dirige a Tomas, crean por primera vez en la historia de la humanidad, todo una teología y concepto único al respecto.

 

“Porqué tanto miedo”—les dice, porque ellos creían ver a un fantasma o algo raro del más allá. “Miren mis llagas de las manos y de mis pies” palpen mi cuerpo, los fantasmas no tienen cuerpo”—y a reglón siguiente, dice algo increíble y casi insólito: “ tengo hambre, tienen algo de comer”. Y le dieron un pez asado y unos pedazos de miel.

 

Pero aquel cuerpo que comía, había pasado a través de las paredes del aposento y había sido no tantos días ha, dejado muerto sin dudas en una tumba y certificado como tal por los romanos.  Esto, nunca había pasado antes que se tenga memoria y ciertamente en ningún otro caso de los grandes avatares que le precedieron o antecedieron.

 

Es una resurrección distinta, única, muy diferente a las “resurrecciones”, alegadas de ciertos dioses y las que se esperaban entre lo egipcios y muy particularmente entre el pensamiento gnóstico. Una resurrección como muchos, aún entre los judíos, creían de cierta difusa, amorfa y esotérica naturaleza. Pero Jesús no... no quiere que tengamos duda alguna al respecto de que se trata del mismo cuerpo, pero con unas características muy particulares. Un matrimonio perfecto entre la entidad espiritual que en esencia somos, y la entidad  material de cuya dicotomía gozamos. Por fin, la ulterior y máxima evolución del hombre. De Chardin tenía razón: en Cristo se contesta por fin la gran pregunta de la humanidad de todos los tiempos: “por qué morimos”. “Se muere en el cuerpo corruptible y se “resurrecciona” trasmutado en uno incorrupto. Dirán algunos que todo esto es cuento de hadas; repuestas e inventos del hombre a la muerte para siempre. Pero la ciencia, que hasta hace poco callaba o se mofaba, ahora, en los últimos diez años, ha tenido un rudo despertar, no solo en este dilema sino en muchos otros. Es ya sabido con varios exponentes que una vez creada la materia, la misma no se puede destruir. Podrá descomponerse, cambiarse y mutarse pero no se puede destruir. Ni aún los cuerpos celestiales pueden hacerlo. Por lo tanto tiene todo el sentido del mundo que la resurrección de Jesucristo sea exactamente eso: una mutación obligatoria de la materia (“carne”) en otra más avanzada porque en ella mora, a diferencia de todas las otras conocidas, un ente pensante con personalidad espiritual, que se ha hecho parte de ella.

 

Morimos por así decirlo para la vida eterna porque somos tal; cada átomo de nuestro cuerpo, tiene impresa ya nuestra identidad espiritual. Yacerá cerca, parte de la tierra donde fue sepultado, pero cuando lo permita Dios, buscará todos los otros átomos de su identidad, se constituirán en moléculas, sistemas y miembros y finalmente un cuerpo de hombre distinto; y el mismo cambiado. “Materia espiritualizada” porque no hay más que una sola realidad en el universo, hacía falta que el hombre llevara a cabo este proceso que ni los Ángeles han pasado por él. Es decir: hacer la materia y el espíritu una misma cosa.

 

¿Y...que prueba si alguna? ¿Qué evidencia hay, sea directa indirecta sobre la resurrección de los cristianos? Específicamente: de la resurrección de Jesús. Porque cuando hablamos de ésta, tenemos dos opciones nada más: o creemos en ella por fe, o por convicción ilustrada y probada Si es por fe, nada más tenemos que añadir porque ésta no requiere más argumentación. Ahora si queremos fundamentar y presentar argumentos fehacientes, es decir, que nos convenzan más allá de la fe ciega, tenemos que recurrir a interpretación de los hechos y circunstancias alrededor del caso de Jesús.

 

Para cualquier dilucidación de una aseveración de esta índole, es igual que probar cualquier caso, digamos uno criminal, podemos hacerlo mediante la presentación de prueba directa, presencial con testigos oculares o mediante prueba indirecta o circunstancial y su secuela científica.

 

En el caso de Jesucristo, no podemos decir que tenemos los testigos que presenciaron el hecho, pero -- cosa que pocos se preguntan—donde están ubicados o que les pasó a los soldados romanos que el Sanedrín pidió a Pilatos para vigilar el sepulcro y evitar como ellos dijeron: que se llevaran el cuerpo y luego sus discípulos dijeran que había resucitado. No solo eso, la piedra o tapa del sepulcro, estaba sellada y rubricada por así decirlo por las autoridades romanas. Violar dicho sello constituía delito grave en la ley y penable con la muerte.  Además, una de las indisciplinas más criticadas y penadas entre la milicia romana era la deserción y el abandono de un puesto de guardia. Al que sorprendieran en esto lo ejecutaban el mismo día.

 

Se ha especulado algo sobre esto, pero el caso de que no se volviera a saber der ellos es la primera circunstancial fuerte, en apoyo de la resurrección. Si...porque de haberles podido tomar declaración al respecto, el asunto hubiera quedado dilucidado ipso facto. Su ausencia es en extremo sospechosa. Es una estrategia utilizada hasta hoy en día: eso de desaparecer a testigos oculares; sobre todo, si son determinantes.

 

Supongamos que lo que pasó aquella madrugada fue llevado ante un juez. Veamos estrictamente bajo el Derecho evidenciario, como lo enjuiciaría.

 

Primera Prueba. Un juez sentado a oír el caso, lo primero que iba a hacer es pedir que le traigan el testimonio de los guardias. ‘No lo hemos encontrado vuestro honor”... ¡que raro! ¿No tenían ustedes tanto interés de resguardar esta tumba? Ahora el cuerpo desapareció y oportunamente también los guardias. ¿No son estos guardias romanos?  ¿Qué dice Pilatos sobre esto?  Ha querido guardar silencio y todo apunta a que trasladó a los guardias o lo mando a ejecutar por dejar sus puestos que es la costumbre.  Nos han  dicho que ellos confesaron bajo tortura de haber huido espantados, cuando salió Jesús, cuando unos amigos le movieron la pesada piedra. ¿La piedra se encontró desplazada?  Si vuestro honor, se encontró retirada. ¿Entonces podemos concluir que quien la retiró hubo de hacerlo desde afuera; entonces los guardias apostados tiene por fuerza haberse percatado? Si vuestro honor, a menos que se hubieran quedado dormidos que es grave ofensa entre los romanos. Si... pero quitar una pesada piedra de un sepulcro requiere varios fuertes hombres y esto tienen que haber hecho bastante ruido al hacerlo. Humm... entonces la contención de que huyeron despavoridos, tiene sentido porque de seguro que tienen que haber intentado impedir que estas personas quitaran la piedra. Algo extraordinaria pasó entre los guardias y los que quitaron las piedra y obviamente dudo que fueran los simpletones galileos, sus seguidores; esos estaban más asustados que una cucaracha en un baile de gallinas.  

 

 

 

 

 

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