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GOYITO Y RAFIN

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Magazín Bilingüe de Sátira Política, Humor,  Anécdotas, Cuentos, MASCOTAS y Algo de Literatura Puertorriqueña

Bilingual Magazine of political satire, Humor, Anecdotes, Short Stories, Pets and Mascots and some puertrorrican literature

San Juan--Puerto Rico

PURA VELA

ONLY SAILING

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2019

2nda. pag Florentino y Paloma

--“Bueno...le preguntó con una leve y tímida sonrisa”;---“bueno qué”---le contestó el hombre sin poder quitarle los ojos de encima a la muchacha.  “Estoy muy cansada, me siento también muy mal y continuó diciéndole que la perdonara que generalmente, ella no era tan agria o mal educada. Siguió parada como sin saber qué hacer, ladeándose levemente de un lado para el otro. Al rato le preguntó si se podía tirar en una esquina a dormir.

 

--“No... de ninguna manera—le contestó Florentino”. –Y le dijo que tenía otro cuarto que podía usar y cerrar desde adentro. Se lo dijo con un cierto sarcasmo con la mano señalando para donde estaba el cuarto. Se levantó de la hamaca, se excusó y se metió en su cuarto cerrándolo de sopetón. El “timmer” o interruptor del generador sonó y de inmediato se apagaron todas las luces menos las de la letrina que estaban en doce voltios y baterías de carros.

 

La muchacha hizo lo mismo y se metió en el otro cuarto. Llovió con breves intervalos toda la noche y el pacholí le regaló su agradable aroma desde el enramado del techo. En nada, solo se podían apreciar el concierto de ronquidos suaves de ella y los graves desesperados de él.

Cuando cantó el búlico en el gallinero a eso de las cinco y media de la madrugada y todavía oscuro, se levantó Florentino como de costumbre y puso la greca a colar café, saliendo luego a alimentar las gallinas, recoger algunos huevos y atender el resto de los animales que allí tenía. Al regresar a casa, notó que la muchacha todavía dormía pero con la puerta abierta y continuó hasta la cocina y con los huevos, unas hojas de cilantro y unos pedazos de tomate brujo comenzó una gran tortilla.  Aparentemente, el barullo en la cocina y el aroma de la tortilla despertaron a la muchacha quien descalza y sin hacer ruido alguno, caminó hasta la pequeña mesa al lado de la cocina aún vestida con la ridícula ropa de Florentino. Como no la sintió, siguió nuestro hombre preparando el desayuno. Cuando terminó y se proponía a sentarse a comer, la vió ya sentada allí mirándolo muy atentamente.

 

--“¿Cuánto tiempo lleva ya sentada ahí... no la oí llegar?” – Le preguntó.

--“Ho... no hace mucho casi me acabo de sentar”. –Le Contestó.

--“¿Le gustaría un pedazo de la tortilla?” “¿Quiere café?”—le volvió a preguntar y ella que obviamente estaba hambrienta le dijo que si  y de inmediato comenzó a comer con un gusto tal y como si no lo hubiera hecho en siglos.  Solamente un par de veces levantó la cabeza como para cerciorarse de que él estuviera allí. Al terminar, se levantó, tomó su plato, el de Florentino y se fue a la cocina a fregarlos. Regresó a la mesa y le preguntó si estaba bien volver a la cama. Luego se metió el cuarto y estuvo durmiendo toda la mañana y buena parte de la tarde.

Aunque la encontraba en extremo atractiva, sus modales y lenguaje corporal le desagradaban. Aquella primera noche pensó: “si esta fuera hija mía y ciertamente por edad podría serlo, yo le daría dos buenas nalgadas por engreída en esas dos bellas prendas traseras que tiene.” Se rió haciendo unas raras muecas de placer. Ese día, ya había parado las lluvias y por la tarde, de regreso de la finca donde estaba arreglando una línea de mallas espinosas que había estado sacando y entresacando con un garabato, se sentó en unos taburetes debajo de un quenepo. De inmediato se encontró pensando en la muchacha: ¿Quién será esta muchacha? ¿Qué habrá pasado anoche allá en la carretera? ¿Quién será el abusador que la insultó y la dejó sin ninguna consideración sola en un sitio extraño a horas del pueblo más cercano?  Allí continuaba cavilando imaginando toda clase de locas conjeturas que corrían por su mente como caballo desbocado. Tan arduo fue su esfuerzo que rendido por el cansancio del trabajo, se quedó dormido cayendo de un lado recostado del tronco del árbol.

 

Varias horas tienen que haber pasado, el Sol comenzaba a ocultarse sobre los montes aledaños a la bahía. Cuando la muchacha se despertó para entonces, al no encontrar a Florentino en el bohío salió temerosa a buscarlo. Lo encontró allí derrumbado como si estuviera muerto. “Señor...señor... comenzó a vocearlo sumamente asustada.-- “Señor mire despierte” El alboroto hizo su efecto y despertó a nuestro hombre de sopetón, quien dando un brinco, cayó de pies agitado y desorientado comenzando a caminar hacia el bohío sin tan siquiera mirarla.  La muchacha, lo siguió como si fuera su perrito faldero. No hicieron bien entrar a la casa cuando de nuevo, comenzó a llover copiosamente. La noche cayó de sopetón y los coquies emprendieron como siempre sus vespertinos conciertos para el regocijo de Florentino que le encantaba sus trinos.

 

--“Son música para mis oídos estos coquis—le dijo sonriendo. La muchacha se limitó a hacer un gesto de desinterés, y se fue a sentarse en unos de los banquillos de la entrada.  La pobre se veía y se sentía fuera de lugar y aquejadumbrada, manteniéndose mirando para las cuatro esquinas del bohío; como explorándolo y buscando sentido a todo aquello.

 

--“Es que nunca antes había estado dentro de una de estas cosas”.—Finalmente dijo como justificado su postura con aquella dulce y apastada voz de mesosoprano que tenía y otra vez cayó en silencio.

--“¿De veras?”—le contestó Florentino en forma corta y fría.

--“Soy de ciudad... una pueblerina... ¿sabe?... Todas estas cosas... bueno errr no sé.”—Continuó ella descompasadamente, pero el hombre, después de aquel día de faena, no estaba en ánimo de conversaciones y menos con ella, que todavía no la entendía y había comenzado a rechazarla. Así que no dijo nada y también continúo callado.

--“A mí me crió mi abuela: Adela... Adela Covertier... Si, Covertier. Vino de la Martinica de niña. Martinica la islita ¿sabe?

--“¿No me diga?”—volvió Florentino a contestarle fría y desinteresadamente.

--“No tengo idea como llegó... es algo que nunca me ha dicho; ya era viuda cuando me crió. A la verdad que se muy poco de mi familia; es más, no sé quien es mi madre.  De mi padre lo único que sé es que es hijo de abuela y vive en Pensilvania.

 

Florentino que estaba ya sintiendo los ladridos de sus tripas, la interrumpió: --“Mira me tienes que excusar pero tengo que ir a la cocina y preparar algo de comer. Diciendo esto le entregó el control del televisor: “Toma... ponte a ver televisión en lo que cocino”.

La muchacha sintió su rechazo y se disculpó por hablar tantas tonterías. El hombre no dijo nada pero desde la cocina le gritó: “A propósito; nunca me ha dicho su nombre”. –“Paloma... me llamo Paloma”—le contestó en su melodiosa y dulce voz. –“: Bueno yo tampoco te había dicho el mío. Yo soy Florentino García... soy viudo y hace apenas tres años que me  mudé de Nueva York para esta finca”.  La muchacha ahora continuaba viendo televisión pero callada.

 

--“Oye, no te había preguntado si te gusta el pavo”. – ¿En qué forma le contestó ella?

--En fricase y está quedando muy bueno. –“Yo me comería hasta las piedras, estoy segura eso me va a gustar. Yo vengo de la pobreza y tuve que aprender a córner de todo. Hubo tiempos que no teníamos casi nada para comer.” Contestó la muchacha entonces.

Florentino oyó la repuesta de la muchacha, pero no dijo nada pero no obstante, pasó por su mente que él también venia de la pobreza. Él también fue criado por unos tíos porque sus padres se habían divorciado y su madre se había marchado para San Diego con un marino estacionado allá. Su padre entendió que su hermano y esposa, cuidarían bien de él ya que no habían podido tener hijos propios. De su madre nada supo hasta recientemente que le dijeron que había muerto. Bien conocía el hombre lo que se siente en estos casos y ahora comenzó a sentir un poco de empatía por la muchacha. Unas furtivas lágrimas a regañadientes se dejaron descolgar por sus mejillas. ! Que distinto es cuando se tiene de todo y te sobra la comida!  Molesto consigo mismo por haberse dejado caer en ese trance, salió de la cocina; para su asombro ya Paloma estaba sentada en la mesita observando cada movimiento que él hacía. Se había quitado ya las ropas de Florentino y se había puesto de nuevo el traje verde esmeralda que había traído la primera noche. Se trataba de uno de esos trajes de un material algo sedoso que se ciñen al cuerpo por lo que delineaba sinuosamente su cuerpo de diosa olímpica. Tenía el mismo, un ligero escote que dejaba ver parte de sus bellos senos. “¡Que muchacha hermosa es esta!”. Pensó Florentino que la miraba con total admiración.

--“Creí que estabas viendo televisión” –Le dijo cuando se la encontró de frente.  

 

--“Si pero no soy adicta a la televisión... no creo que me guste mucho. A mí me crió Adela contándome sus cuentos porque no teníamos para comprarnos un aparato de esos. Por eso prefiero conversar con alguien.

--“Tu no me digas Paloma... ¿sabes una cosa? Mi difunta esposa –que Dios la tenga en su gloria—creía y le gustaba  lo mismo; cuando yo regresaba del colmado, me bañaba y me ponía a ver televisión. Ella entonces me dejaba que viera el noticiero pero enseguida venia y decía: “zape... zape amigo, ya está bueno, vamos a hablar”. Enseguida se ponía a contarme todo lo que había pasado en la familia, con los hijos, y sus quejas, la escuela, las cosas del vecindario, bueno, aquello te digo, era mejor que la televisión. Nunca por lo menos que me acuerde, me contó nada de esos cuando nos acostábamos. ¿Puedes creerlo? Decía: “la cama es para el amor” si señor; eso decía: La cama es para el amor”.

 

Paloma se estaba riendo... de hecho, la primera vez desde que había llegado. ¡Y que sonrisa más bonita tenía! En el lado izquierdo de la cara casi a la altura de la comisura de la boca, se le formaba este hoyito de alegría precioso. Casi parecía la sonrisa velada de la Monalisa. Se había soltado su rubia-cenizas cabellera y sus inmensos ojos negros se resaltaban como dos grandes luceros en la noche.

 

--“Yo estoy de acuerdo con ella”—dijo con un raro brillo en la cara, salpicado con un poco de malicia femenina: “La cama es para el sexo... errr... digo, para el amor”. Lo dijo riéndose un poco pero se había sonrosado toda. Esta conversación me ha dado mucha hambre—continuó diciendo y levantándose se ofreció a ayudar a Florentino en la cocina. .

--- “No”—le contestó el hombre—“la comida ya esta lista y vamos a servirnos”. Entonces, trajo la cacerola entera de pavo, una olla de arroz blanco y una ensalada de tomate y pimientos de su tala.

Momentos así, siempre tienen una rara mezcla de sensación de realidad y de fantasía. Se suspenden como un viejo cuadro en el alma y en el recuerdo. Dejan siempre también una exótica premonición extraña. Uno no sabe lo que es, pero se siente como si fuera pecado ser feliz. Como si al ser humano se le prohibiera sostener esos momentos y revivirlos de nuevo.  Así creo que sintieron tanto Florentino como Paloma; porque comieron callados; a penas si se miraron dos veces. Es que puede ser tan ilusoria y ficticia la vida, demasiado de corta para llegar a entenderla por completo.

Comieron entonces en un pesado silencio preñado de incertidumbre y el miedo que todo aquello fuera a terminar como su fuera un sueño, un grave pecado por lo que pudiera presagiar. Ninguno de los dos, sabia como reaccionar, que decir o como poner todo aquello en cualquier perspectiva.  Al terminar, se levantaron y fue Paloma quien se llevó todos los trastes a la cocina y no salió hasta de pues de un buen rato y había dejado todo lavado y limpio.

Al rato de aquel pesado e irreal silencio, asomándose a una de las ventanas, dijo la muchacha: “:No llueve”—ciertamente había dejado de llover hacia horas cosa que había pasado inadvertida por la profundidad de sus sentimientos que se habían estado agolpando como locos sin saber por dónde salir o que hacer de ellos.

--“No llueve, gracias a Dios... ya me tenía hasta la coronilla”—dijo finalmente Florentino.

--“Dios mío si solo esos coquies se callaran por un momento”—exclamó Paloma con cara de fastidio.

--“¿Como... no me digas que no te gustan?”

--“No es eso... no es que donde yo vivía, no se oían nunca. El apartamento estaba en el octavo piso de un condominio en el mismo centro de la ciudad y allá arriba uno casi no oye nada. No estoy acostumbrada; eso es todo”. Le contestó la muchacha algo mohína.

--“Bueno... si es así lo puedo entender... pero te digo, que son muchas las cosas que se están diciendo en estos precisos momentos”. Dijo Florentino con cierta sorna.

--“¿Cómo dice, que los coquis se están hablando? ¿Usted no hablará en serio?  Ofreciéndole de nuevo su monumental y excitante sonrisa y poniendo cara de incredulidad.

---“Lo digo en serio... muy en serio”—le contestó el hombre. “Es que he llegado a entender el lenguaje del coqui; como otros entiende el piar del guaraguao o el trino del pitirre, en lo alto de las nubes o entre los árboles del monte.

--“Ho... no espere... no puedo creer una sola palabra de lo que ha dicho” dijo ella poniendo una de sus blancas y delicadas manos en la boca como símbolo de total incredulidad. “Eso, si que verdaderamente quisiera yo oír”. Terminó diciendo y se echó a reír.

--“Espere”—le dijo Florentino. “espere un momento en lo que pongo atención a lo que están diciendo y entonces le contaré”.

--“! Tómese todo el tiempo necesario...! Qué locura la suya!”

Después de un par de minutos de estar Florentino haciendo como que oía a los coquis en sus diálogos, mirando hacia donde estaba Paloma, le dijo llevándose un dedo a la boca como para que no dijera nada. “Oye oye lo que la coqui le dice al coqui varón”.

--“Pero que le dice.., que le dice.. dígame”.  Impaciente le interrumpió Paloma.

--“No estoy muy seguro pero creo que es algo así: “Oye viejo zángano... chirp.. chirp., que demonios haces mirando a esa muchacha?  “¿quien yo...?  Le contestó el coqui varón.  “si tu idiota chirp.. chirp... hacer rato que te vengo observando o crees que soy una coqui tonta?” “¿Qué tiene ella que no tenga yo?  “Es que nunca antes en toda mi vida había conocido o visto una mujer más linda, hermosa y encantadora que esta... ok?

--“Ho... ho no me diga que eso es lo que andan diciendo.” Volvió Paloma a interrumpirlo. “A la verdad que es un sinvergüencita este coqui... ¡caramba!”  “ Bueno pero que más están diciendo”. Continuó la muchacha divertidísima como estaba.

--“Entonces, espera un poco más...  ¿Cómo....no... eso no puede ser.. es locura”. Decía Florentino poniendo una fingida cara de asombro y sorpresa.

--“Qué... qué... dígame que fue... que dijo ahora.” .Intervino Paloma intrigadísima por aquel exabrupto de Florentino.

--“Mira Paloma, si yo pudiera te lo decía... pero lo siento, no puedo decírtelo”.

--“Oh no... eso no está bien... no es justo que no me lo quiera decir”. Vehementemente repetía la muchacha.

--“Entiendo Paloma, pero es que hay cosas entre todos los varones del reino animal que necesitan del momento y el día correcto para poderse decir, si es que van a ser creíbles.”

“Bueno... pues yo me voy a la cama entonces si no me quiere decir”. Dijo la muchacha con cierto aire de frustración.  Se levantó y se metió en el cuarto como había dicho.

 

Al rato, también Florentino, ya cansado pero satisfecho, se levantó de la hamaca y se metió en su cuarto.\

Eran prácticamente medio día cuando el hombre se levantó al otro día. Cosa rara porque desde que había llegado, siempre madrugaba para poder atender los animales y los quehaceres de la casa. Paloma hacia buen rato que se había despertado, se había metido en la cocina y preparado café lo que enseguida le ofreció al verlo sentarse rascándose la cabeza en la mesita frente a la cocina.

--“Ya debo de irme”—finalmente dijo.

--“Qué perdona no te oí lo que dijiste”.

 

 

 

 

 

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3ra pag. Florentino y Paloma ...