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GOYITO Y RAFIN

Presenta

Magazín Bilingüe de Sátira Política, Humor,  Anécdotas, Cuentos, MASCOTAS y Algo de Literatura Puertorriqueña

Bilingual Magazine of political satire, Humor, Anecdotes, Short Stories, Pets and Mascots and some puertrorrican literature

San Juan--Puerto Rico

PURA VELA

ONLY SAILING

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2019

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GENOVEBA MELERO

Rafin R. Mena

Cuando Álvaro conoció a Genoveva ninguno de los dos era ya muy joven. Él viudo hacia quince años y ella divorciada hacía un poco menos.  La vida los había encaminados por diferentes senderos y sus vidas no podían haber sido más disímiles. Por un lado ya Álvaro había perdido la ilusión de tener a su lado una nueva compañera y solo lo sostenía con cierta sanidad, sus dos hijas a quienes adoraba. De la casa al negocio y llevar y traerlas de la escuela, dedicaba todo su tiempo. Por el otro lado, Genoveva había tenido una relación muy desagradable y hasta violenta con su ex marido y había desarrollado esa actitud comprensible de que todos los hombres eran iguales. Este es un cuento basado en la vida real;. Esa que si no ha pasado, de seguro habrá de pasar algún día.

Los años discurrían y habían discurrido con ese sordo, vacío y desierto acomplejado ánimo con que la vida sitúa a almas como las suyas. Y si no fuera por los eventos que se suscitaron desde el verano del 1959, sus vidas hubieran vaciado en el mismo yermo y estéril mar. Pero no fue así... no estaba eso para ellos... ya verán.

Y fue de esta otra manera;...

 

El viejo veterano DC-7 que ya había servido demasiado de veces cuando el bloqueo de Berlín, aterrizó con cierto estrépito chirreando y botando humo de sus grandes llantas al hacer contacto en la pista de Isla Grande. Venía del Aeropuerto de la Guardia en Nueva York y luego de un vuelo de casi nueve horas y con uno de sus cuatros motores, prácticamente reventado y los otros tres botando aceite por dondequiera como un colador de espaguetis, se vino lentamente con su típico runn...run ronroneo de sus enormes motores radiales Pratts & Whitney, hasta donde lo dirigía un hombre portando unas banderitas. Había sido y era un verdadero milagro, que hubiera aterrizado; muchos, antes y después, DC-7 de la misma ruta, no lo lograron precipitándose en la mar como viejas calamitosas cansadas de la vida, llevándose consigo a muchos infelices y sus sueños.

 

Pan American Airlines anunció la llegada del vuelo y los pasajeros bajaron las escaleras y se adentraron en el Viejo Hangar de la Marina que ahora servía como el Terminal del Aeropuerto Internacional de Isla Grande. Montones de familiares y amigos de los viajeros, costumbre de aquella época, se amontonaron en el amplio balcón mirador, para saludarlos según iban descendiendo por las escaleras del avión. Una hora más para recoger las maletas y ya... se vaciaba el aeropuerto de visitantes hasta un poco antes del próximo.

 

Luego de esperar varias horas, por fin anunciaron la llegada del vuelo de Chicago que venía retrasado luego de hacer tres escalas para llegar a San Juan: La Guardia, Carolina del Norte, Miami y San Juan. Como ya estaba entrada la tarde no habría más vuelos hasta el otro día y solo escasos viajeros de ese vuelo, se marchaban con sus familiares dejando el viejo terminal desolado y triste.  Álvaro cogió las maletas de su hermana menor y se disponía a marcharse en su camioneta para su pueblo. Casi llegando al Happy Landing que era un restaurant y barra a la salida de Isla Grande, la vio. La mujer iba caminando arrastrando lentamente por así decirlo una gran y pesada maleta como la que arrastra una vaca gorda. Iba vestida con un traje de señorona que la hacía lucir mayor de lo que era.

--¿Para donde usted va señora? –le preguntó. Sabía que a esa hora ya no entrarían taxis al Terminal y que la mujer tendría problemas en conseguir transportación para donde fuera que iba. Además, había empezado a lloviznara típico del mes de mayo.

 

--Ha... no se moleste voy hasta aquí no más, a este restaurante hasta que me vengan a buscar.

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---Usted está segura... mire que a esta hora ya no entran más taxis al aeropuerto—le dijo con cara de preocupación.

 

“Alvaro”... le dijo su hermana—“entra al restaurant que tengo que ir al baño”. El hombre mirando por el espejo retrovisor para ver a la mujer de la gran maleta que ya prácticamente entraba, buscó un sitio y aparcó la vieja camioneta. Su hermana salió prácticamente corriendo y él se sentó en una mesa y pidió una cerveza Corona. A dos mesas de distancia se había acomodado la mujer que había pedido un refresco y estaba ojeando el menú. Al rato salió su hermana, se sentó a su lado y le dijo que se estaba muriendo de hambre pidió el menú y se dispuso a ojearlo.

 

Comieron y se tomaron varios “drinks” y se disponían a continuar su viaje y todavía a las dos horas de estar allí ya de noche, no habían venido a buscar a la mujer de la maleta grande. Así que cuando se levantaron y pasaron junto a la mujer, Álvaro le volvió a preguntar.

 

--Mire doña, usted disculpe mi insistencia pero ¿quién la  viene a buscar usted? ¿Para donde es que va? Parece que la mujer ya temiendo lo peor le dijo que iba para Manatí.

--¡Para Manatí... que coincidencia; para allá vamos nosotros también! Si quiere le podemos dar un poncito si no le molesta ir un poco apretada con Aurelia. Aceptó la mujer, le puso su gran maleta en la cajuela de la camioneta y tomaron la avenida Fernández Juncos hasta la Parada 15 doblaron a la derecha y saliendo de Santurce cruzaron el viejo puente de madera del caño Martin Peña, tomando rumbo por la Carretera Número dos hacia Manatí. Unos minutos más tarde, comenzó su hermana a cabecear hasta que dormida vino a reposar su cabeza sobre el hombro de Álvaro. No dio tiempo a que se presentaran... estos largos y tediosos viajes, dejan a las personas extenuadas e irresponsivas.

 

--“Que pena”—por fin dijo la mujer. “Iba yo precisamente a presentarme con su esposa”—continuó diciendo y bostezando a la misma vez.

---“!No... Ho no!... ella no es mi esposa, es solo mi hermanita menor que la tengo estudiando en Nueva York”.—le contestó sonriendo y mirándola de reojo mientras continuaba guiando y esquivando los huecos y baches de la “Militar” que era como se llamaba a la Carretera Estatal por donde iban.

 

La mujer lo miró curiosamente y sucumbiendo a la fatiga y tensión del largo viaje, se reclinó y también se durmió.

 

Casi dos horas más y llegaron al pueblo casi al filo de las diez. Le preguntaron a la señora donde se quedaría y allí donde ella dijo la llevaron y la dejaron en una casa de varios pisos que hay al lado del Teatro Taboas. Álvaro se bajó, corrió a la parte trasera, sacó de un tirón la gran maleta y la subió hasta la puerta de la casa donde salieron unas personas a recibirla y un señor, tomó la maleta y la entró.

--Gracias Álvaro le dijo el hombre que lo conocía—por traer a la parienta.

A la mañana siguiente, estando Álvaro en la oficina de su negocio de ferretería de la calle Mackinley, le vino a decir uno de sus empleados que afuera había una señora que estaba preguntando por él. Se asomó el hombre para ver quién era y al ver que se trataba de la mujer de la gran maleta, le dijo que la dejara pasar.

 

Ya sentada frente a él, le dijo haber venido para disculparse y darle las gracias por su amable gesto de ofrecerle transportación hasta el pueblo.

 

--“Perdone señora—le interrumpió Álvaro—¿desearía tomarse un taza de café? Mi hija  mayor viene todas las mañanas a recoger esta oficina y me cuela un poco de café. De hecho, ahí está ya haciéndolo.

La mujer aceptó, tomó la taza de cartón que le ofrecía la muchacha y de inmediato la puso en una mesita frente a ella y procedió a presentarse. La hija mayor del hombre que estaba a punto de graduarse de Escuela Superior, se sentó en una silla al lado de su padre y se dispuso a oír la conversación.

 

--Usted tiene que perdonarme; anoche estaba tan extenuada que se me olvidó darle las gracias o presentarme. Disculpe la falta de educación.

 

--No hace falta la disculpa, entiendo por lo que había pasado y el cansancio que debía haber tenido.

 

--Yo soy Genoveva Melero. Ese acentito medio raro que habrá notado es que soy nacida y criada en el Bronx de New York. Solo de visita con mi ex esposo había venido a Puerto Rico. Soy maestra de Literatura Hispánica de la cual tengo una Maestría de Colombia University.  Mientras decía esto, dos veces sorbió el café, le

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dijo a Mercedes la hija de Álvaro que estaba muy bueno y volvió a enrollar y desenrollar nerviosamente el pañuelo de manila que había sacado del bolso. El hombre callaba mirándola benévolamente y sin saber que decir.

--Bueno... eso es todo señor y de nuevo gracias por su amabilidad. Se levantó y pidió que la disculparan y como entró, salió.

 

Mercedes, su hija, dirigiéndose a él le reprendió pícaramente y le dijo:

--Bueno papa que calladito te lo tenias y tía ni ji nos había dicho nada.

--¿A que te refieres, hija... ¿a esto de la señora?  Pero si solamente le dimos pon por verla tan perdida allí en Isla Grande. Y prosiguió contándole todo.

--Papa... Francamente, tú no crees que ya sea tiempo para que busques una buena compañera. ¿Qué va pasar de ti cuando nos casemos tus dos hijas?

--Ya hemos pasado por esta historieta demasiado de veces Mercedes... deja esa vaina chica, ¡por Dios! Yo no necesito enredarme con ninguna mujer. Basta no me saques ese tema de nuevo. Y jalando a la muchacha, la trajo hasta si y le dio un montón de besos y ella fingiendo estar molesta, hizo como que se limpiaba con la manga de la blusa.

--Vete ya para casa y disfruta tus vacaciones que luego solo tendrás tiempo para tu último año escolar, aquí y trabajar duro.

Pasaron varias semanas, Álvaro vio a Genoveva varias veces más; una en la Iglesia, paseando en la Plaza con otras mujeres y al entrar al Cine una tarde para ver una película de Cantinflas que creo se llamaba el “El Bolero de Raquel”, o algo así; pero no se hablaron; un saludo leve, más bien una ligera genuflexión, de ella y una sonrisa críptica e indescriptible de él, fue toda la comunicación social. Solo el día de la Plaza, se fijó que Genoveva era una mujer muy bien formada, hermosa y más alta que las que la acompañaban ese día y con su pelo cortito, cortaba una singular figura femenina muy sofisticada.

 

Bueno... el verano terminó y las clases comenzaron. Las hijas de Álvaro, buenas y responsables estudiantes, entusiasmadas, se prepararon cantando y él las llevó en la camioneta hasta la escuela como era su costumbre, esperó que entraran y se llegó como todos los días a su ferretería.

Por la tarde, volvió hasta la “High” que era como llamaban a la escuela superior Petra Corretjer de O'neill, y esperó un rato en lo que salían sus hijas. Tita o Antonia que era la menor salió primero, y al buen rato y luego que habían salido todos los otros estudiantes, salió Mercedes.

--Pa’... no vas a creer lo que me ha ocurrido. ¿Tú sabes quién es mi maestra de Literatura?

--No... Cómo he de saberlo, dímelo tú.

--Mrs. Melero... chico la mujer a quien le distes pon del aeropuerto. Me dio las gracias por el café y conversamos un ratito sobre mis planes.

--¡”Carachi”...! contestó Álvaro... a la verdad que este mundo es bien chiquito. Y... dime, te gustó su clase?

--Me fascinó, me encantó. Además ella tiene esa dulzura con ese acentito neorrican... ¿sabes? No hay duda que domina la literatura pa’.  ¿Y sabes una cosa? Me preguntó que cómo estaba mi papa. Yo le dije que como siempre haciendo nada y poniéndose viejo inútilmente. Le dije que eras viudo hacía quince años y que solo te importaba trabajar como un mulo bobo.

-- Eres una zángana empedernida mocosa engreída... cotorra habladora. Le dijo mientras la besaba como siempre, dándole un montón de besos.—Cállate...cállate. y siguieron para casa.

Vivían en una casa del Ensanche Limones cerca de la antigua Clínica Blázquez ahora de don Miguel Mena Jiménez. Hacia  algunos diez años la había comprado para hacer más fácil el asunto de la escuela de las muchachas, porque antes con su esposa María, habían vivido en Tierras Nuevas, un barrio en el campo, de donde era ella natural. Álvaro era de Naguabo y conoció a María cuando lo destinaron al Campamento Tortuguero luego de que lo llamara la Junta Estatal del Servicio Selectivo por lo de Corea. Afortunadamente, por decirlo de alguna manera, fue herido en una pierna y regresado a la vida civil. Siempre contaba de cómo fue aquello y como había perdido a muchos amigos en ese conflicto. Por eso cojeaba algo de esa pierna y frecuentemente le dolía, especialmente en días de barrunto.

 

CONTINUA

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