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2019

La Biblioteca de Agüeybaná

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LA BIBLIOTECA DE AGUEYBANÁ

Basado en articulo publicado en el Nuevo Dia del 1981

Rafin R. Mena

 

Un día de 1880, el padre José María Nazario fue llamado a prestar sus servicios a la cabecera de la cama de una anciana moribunda en el municipio sureño de Guayanilla, en Puerto Rico (Antillas Mayores, en el Caribe). Conocedora ya la mujer del gran interés que eI sacerdote tenía por las antigüedades (piezas arqueológicas indígenas),quiso confiarle un secreto de familia. La mujer en cuestión era de ascendencia indígena, y era descendiente directa del cacique indio Agueybaná, último cacique de la zona de Guayanilla al momento de la llegada de los conquistadores españoles a la Isla y último gran regente general de Borikén, como llamaban a nuestra isla nuestros antepasados indios Taíno – Arawakos.

 

El secreto de familia al que se refería la mujer había sido guardado celosamente por varias generaciones de su familia. Según el relato del padre, la anciana le habría revelado, con la esperanza de que él reconocería su gran valor como patrimonio histórico y haría todo lo posible por protegerla, la existencia de una alegada biblioteca en piedra perteneciente a Agueybaná, y le confió el lugar donde supuestamente se encontraba.

Siguiendo sus instrucciones al pie de la letra, el padre Nazario llegó hasta un sector del hoy llamado barrio ‘Los Indios’. El lugar en cuestión estaba localizado varios kilómetros al noroeste de Guayanilla,cercano al pueblo de Yauco, donde se allegó a un punto en una ribera a orillas del río Coayuco. Allí, encontró una gran laja de piedra plana y lisa que le había sido descrita por la anciana y que alegadamente era un marcador. Debería levantar la laja de piedra y excavar en el suelo bajo esta. Al hacerlo el sacerdote descubrió una serie de escalones que se perdían hacia abajo, hacia las entrañas de la tierra. Intrigado, excavó con mas ímpetu, descubriendo que los escalones llevaban hasta un cuarto subterráneoy allí encontró al enigmático tesoro lítico arqueológico que le había sido descrito por la descendiente de Agueybaná. En aquél depósito encontró cientos de rocas cortadas formando siluetas de forma humanoide y con caracteres incisos en tan gran número que tuvo que paralizar la excavación. Por años continuó sacando del misterioso depósito subterráneo lo que el sacerdote llamó “volúmenes’, los que los lugareños de la zona le llevaban a su residencia, por instrucciones suyas.

 

Tras estudiarlas con esmero, y gracias a sus conocimientos de las lenguas antiguas, pudo concluir que las antropoglifitas (nombre que Nazario dio a las rocas por su forma de aspecto humanoide y las inscripciones que contenían sobre sí ) y sus caracteres incisos no eran de origen indígena Taíno – Arawako y que más bien parecían ser de origen Caldeo, o sea, originarios del medio oriente, del llamado Viejo Mundo.

 

Dijo reconocer símbolos cuneiformes entre los caracteres, de ahí su opinión de que eran de origen Caldeo y Hebreo. Sobre ello señaló: “Sobre 800 antropoglifitas que tengo en mi colección son testimonio de que los indios de Carib (como él llamaba al Puerto Rico precolombino) tenían una escritura más perfecta que la de México y Perú. Las numerosas antropoglifitas que guardo, siento la fuerte tentación de creerlas el archivo nacional (pre colombino).” Penosamente, luego de dar a conocer su hallazgo, el padre Nazario fue acusado por historiadores y arqueólogos conservadores del país y del exterior de haber creado un fraude, y se llegó incluso a insinuar que “le había pagado a un jíbaro (campesino) para que con mocho (machete) tallase las figurillas incisas con signos inventados por ellos.” ¡Qué campesino tan extraordinario, capaz de tallar más de 800 rocas de diferentes pesos y tamaños (más de una tonelada), tarea que fácilmente debió requerir de un gran número de personas!

A principios de siglo el antropólogo Jesse Walter Fewkes conoció al padre Nazario y señaló en su informe a la Smithsonian( sic) Institución que de todas las colecciones de piezas indígenas en P.R., la mejor era la del Padre Nazario. Pero anotó también que parte de la colección consistía de estatuillas inscritas con signos que no eran indoantilIanos sino ‘exóticos’, y quizás viendo su parecido con caracteres del medio oriente, comentó en su informe que dichas piedras “no parecían muy antiguas”, lo que fue interpretado como una insinuación velada de que podrían ser falsificaciones recientes.

A finales del siglo 19, el padre Nazario fue visitado por el reconocido arqueólogo francés Alphonse L. Pinart en misión oficial del gobierno de su país, y este, al examinar las piezas con las incisiones las catalogó como “incuestionablemente auténticas.

 

En años recientes varias de las piezas fueron sometidas a examen por la Sociedad Epigráfica Americana (epigrafía: ciencia dedicada al estudio de inscripciones que considera la escritura, el estilo, la interpretación, la autenticidad y la época), encontrándose similitudes entre algunos de los signos con otros que están grabados sobre ciertas planchas de oro y cobre que se guardan en el Tesoro Nacional de Ecuador, así como una también en una túnica bordada del Octavo Inca, de nombre quechua Viracocha.

 

El informe preliminar determinó que los signos inscritos en las estatuillas de Guayanilla son auténticos, hechos con un sistema y propósito y que los mismos pertenecían al idioma silabárico pre helénico de la Isla de Chipre y del hititaminoico, de origen turco-cretense, aunque las sílabas, al leerlas fonéticamente, resultaban pertenecer al idioma Quechua preincáico, lo que indica que antiguos viajeros de la Isla de Chipre cruzaron el Atlántico y se establecieron en el altiplano andino, cruzándose posiblemente con los naturales del lugar y enseñándoles, entre otras cosas, a escribir con su silabario el idioma quechua.

 

Dado el hecho de que los signos de las antropoglifitas de Guayanilla son idénticos a los hallados en Ecuador, aparentemente hubo otra migración desde la provincia Oriente de Ecuador hasta la costa norte de Colombia. De allí pudieron haber navegado por el Caribe de isla en isla hasta llegar a Puerto Rico. Al integrarse con los habitantes de la isla, enseñaron posiblemente a sus decendientes a inscribir las estatuillas con el idioma quechua y arawako con su sistema silabárico hitita-minoico.

 

Es evidente que la fabricación de las figuras fue efectuada cerca de donde fueron encontradas, ya que están hechas con piedra serpentina, y este tipo de piedra se encuentra en las cercanías del lugar del hallazgo.

 

¿Se hace Justicia Finalmente?

El doctor Barry Fell, Presidente de la Sociedad Epigráfica Nacional de los EE.UU., identificó a las figuras como “WAKA” (huacas) en lenguaje quechua, originarias de la cultura megalítica preincáica de la ya mencionada provincia de Ecuador y que parecen representar a una deidad, virgen o diosa madre.

Según Fell,”un fragmento de una tableta de dos caras contiene una cara grabada con las ya descritas cuadrículas, apareciendo los signos correspondientes a MA – MA y KU – NE y al otro lado MAKA (ver ilustraciones)”, que asegura él son signos que pueden leerse como Mamai Kune Maki, que quiere decir en quechua “Señora, pedimos tu socorro”. Mamai, en tiempos de los Incas era el título real de la esposa del rey Inca.

Añade Fell en su informe sobre las piedras que “la colección de Guayanilla, compuesta según informes de unas 800 piezas, representa el mayor hallazgo jamás obtenido de esta cultura prehistórica preincáica, y es la única que haya aparecido fuera de las costas de la América del Sur.” Indicó, además, que definitivamente las piedras (que describe como especimenes extraordinarios) no pueden ser falsificaciones, ya que:

1- En 1880 nada se conocía sobre inscripciones análogas grabadas en las planchas de cobre y oro encontradas luego en Ecuador y que forman parte del Tesoro Nacional de ese país. Tampoco se conocían inscripciones grabadas en cuadrículas, salvo en la región del Oriente medio.

2- La existencia misma de la cultura de la provincia de Oriente de Ecuador se desconocía, ya que los primeros informes de los megalitos y de las estatuillas aparecieron en el año 1961.

 

“Con el hallazgo reciente de la clave que permite descifrar los signos escritos en las antropoglifitas del Padre Nazario por una autoridad de primer orden como lo es eI Dr. Barry Fell, ha quedado vindicada la honradez intelectual, la integridad y la probidad del Padre José María Nazario y Cancel y la oposición de algunos arqueólogos americanos, la cual ha creado problemas, está cediendo ante la realidad de que lingüistas de países” tales como España, Portugal, Suiza y Francia han comenzado a reconocer la validez de las investigaciones sobre las piedras de Nazario y otros casos por el estilo y han tomado parte en las investigaciones con actitud objetiva y científica”, añadió finalmente el historiador

Todo el mundo especialmente el entourage de “historiadores” y arqueólogos recientes, han opinado al respecto. Siempre con la mismo dolama que venimos padeciendo desde los tiempos de los llamados “historiadores oficiales” de Puerto Rico: que opinaban conjeturando, pero sin la evidencia experta probando tesis. Es un mal que padecemos los puertorriqueños cuyos nombramientos y la fama toma precedencia sobre el análisis ponderado y científico.

 

De lo que se ha podido honradamente encontrar recientemente y que haga o tenga un “cierto” peso probatorio, de esta llamada Biblioteca de Agueybaná, representa en muchas de las piezas escritura de lenguaje vasco arcaico. A mi parecer, esta tesis podría tener alguna validez si la anteponemos a los escritos del Padre Fray Ramón Pané. Quien acompaño a Colón en su segundo viaje del 1493 y estuvo muchos año durante la colonización de la Isla de la Española (Santo Domingo). Donde aprendió y hizo unas descripciones objetivas (cosa rara para españoles) de las costumbres, religión, leyendas, cuentos, y lenguajes de sus moradores. En uno de sus capítulos (libro reconocido como el primero en America), cuenta lo que le dijeron muchos de los ancianos de ls tribus de que antes de que los españoles llegaran ya otra gente como ellos habían estado y convivido con ellos.

 

De que se hayan dado viajes precolombinos a las Américas, de eso no hay dudas; la evidencia es abrumadora. No solo de estos viajes transatlánticos sino muchos  de ellos entre el continente americano y las islas de Caribe y hasta vis versa  Un caso muy ilustrativo de todo este fenómeno expuesto es la experiencia de Cristóbal Colón cuando en su primer viaje de 1492 y días antes de su encallamiento, a la altura de Noroeste de Haití, topó en la costa y bahía del Bassin Bleu,  con “indios” que él y los suyos describieron como tan blancos como la gente de castilla. Hablaban, vestían, se comportaban y se cortaban el pelo muy distinto al taino.  Esta experiencia la cubrirenos luego el mes de junio en este web page.

 

Hoy dicha colección descanza en el Instituto de Cultura Puertorriqueña como custodio de ese tesoro nacional.

Vean este interesante video sobre la “Biblioteca”

 

Hay un buen video que ilustra el hallazgo... haz click aqui:

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EN HONOR A LA VERDAD HISTORICA

Hacemos contar que este descubrimiento no es nada nuevo o necesita de investigaciones recientes para su comprobación. Todos los análisis y pruebas que se le puedan hacer a arte lítico o petroglifos ya han sido hechos por las instituciones más acreditadas en la materia como ha quedado señalado aquí. Las mismas datan desde y antes del 1981 y cubiertas en la prensa del país entonces.